ENFOQUE SOTT: Estoicismo, materialismo y la busquedad de la divinidad

Traducido por el equipo Sott.net en español

Durante mi confinamiento causado por el coronavirus y los cierres generales, tuve mucho tiempo para pensar, para leer y mirar videos en youtube. Me gustaría que me acompañaran en un pequeño viaje para mostrarles lo que averigüé y lo que aprendí, y también el motivo por el que creo que todo lo que está ocurriendo está conectado con lo que está sucediendo en el mundo en estos momentos.

Bertrand Russel

El Covid-19 ha provocado el delirio. A pesar de la baja mortalidad, son muchos los que temen por sus vidas. Hay una gran disparidad entre el número real de muertes y el miedo a la muerte que esta crisis provoca en la gente. Parece que los motivos son varios.

El primero y más obvio es el implacable bombardeo de imágenes mostrando escenarios apocalípticos. Enciendan la televisión, y las 24 horas del día se verán ustedes desbordados con relatos de fatalidades, tristeza y muertes. A este respecto, el lenguaje bélico es muy iluminador – la actual crisis de la salud es comparada y descrita como si fuese una guerra. Términos como «batallas entre la vida y la muerte», «la lucha contra el virus» y «trabajadores en primera línea» son testimonios de ello.

Pero si observan de cerca los números, incluso si reconocen que están totalmente manipulados y fabricados, notarán que hablan otro idioma. Los últimos números sugieren que entre el 5 y el 20% de la población ha entrado en contacto con el virus. Al menos la mitad de ellos se infectan pero sin desarrollar ningún síntoma. De los infectados, la mayoría sólo experimenta síntomas leves, análogos a los que la mayoría de la gente experimenta durante cualquier temporada de gripe. Sólo una pequeña minoría se enferma gravemente, y son mucho menos los que mueren.

De entre los que mueren, la gran mayoría son ancianos que suelen padecer múltiples comorbilidades (enfermedades que se dan simultáneamente) cuyas vidas corren peligro tanto si una infección viral está presente como si no. El riesgo para una persona normal de fallecer por el Covid-19 se sitúa alrededor del 0,001%, lo que equivaldría al riesgo de fallecimiento durante un viaje en coche recorriendo entre 15 y 750 km de distancia. Nadie se lo piensa dos veces antes de subirse al coche para acudir al lugar de trabajo.

En definitiva, se trata de la manifestación de nuestra incapacidad para pensar, de recoger lo que ya hemos aprendido, extrapolarlo al futuro y aplicarlo a nuestra vida de manera lógica y razonada. Y también es un testimonio de lo feliz que se siente la gente cuando pueden seguir el ejemplo de las autoridades, de los «expertos», sin preguntarse si sus promociones son por nuestro propio interés, o por el interés de estos mismos «expertos» o autoridades.

Pero creo que esta no es la única razón por la que la gente ha entrado en frenesí. En tiempos como estos, el espectro de la muerte asoma su cabeza – algo que normalmente puede esconderse sin más en un rincón pacífico de nuestra mente. La muerte, incluso cuando la experimentamos a través de la televisión todos los días como «entretenimiento», al fin y al cabo les sucede a otros individuos de este planeta, la vemos bien lejos de nosotros. Nuestra propia mortalidad es relegada al futuro, tan lejos que bien podría no ocurrir jamás. Hablar de la muerte es prácticamente tabú. Pero esta crisis ha devuelto la muerte ante nuestra propia puerta. De repente, nos está mirando fijamente a los ojos.

Entonces, ¿por qué la idea de morir genera tanto miedo y pánico? A mí me parece que una de las respuestas la encontramos en nuestra visión materialista de la vida y del universo.

El materialismo

Mientras que antaño creíamos en un dios benevolente que nos llevaría de vuelta al cielo a la hora de nuestra muerte – a veces bajo la condición de haber llevado una vida con el respeto a ciertas normas, de haber sido buenos, para no acabar en el Infierno – ese dios con su cielo ha desaparecido. Salimos de la nada y volvemos a la nada. No existe Dios, no hay vida después de la muerte – no tiene mucho sentido estar en este planeta. Estamos regidos por leyes deterministas de la naturaleza, y el libre albedrío queda en una pura ilusión. Así que si sólo tengo una única oportunidad de vivir, y si una vez muerto, yo con mi memoria y mis experiencias acumuladas desaparezco para siempre, entonces me aferraré a la vida tanto como pueda.

Y si no hay dios ni vida después de la muerte, ¿de qué sirve ser bueno? ¿Cuál es la razón de ser alguien virtuoso, justo y ecuánime? ¿Por qué no hacer lo que me plazca durante todo el tiempo? Porque si no hay dios, tampoco existe el castigo, así que puedo ser tan malvado, tan egoísta e injusto como me apetezca. No trae consecuencias. Si no existe nada más elevado, si el universo está desprovisto de significado, entonces no hay razón para siquiera concebir la idea de que hay algo malo con la maldad, el egoísmo y la injusticia.

Esto me recuerda la elección que Solzhenitsyn describe en su obra El archipiélago del Gulag, donde nos dice que cualquier prisionero que se incorporaba al sistema del Gulag tenía dos opciones: sobrevivir por todos los medios necesarios, lo que significaba dejar atrás cualquier medida moral o ética. O bien, conservar su humanidad y su integridad intactas, en cuyo caso le esperaba la muerte en los próximos doce meses. Pero si ustedes creyeran que sólo tienen una vida, y que no existe autoridad superior, no tiene sentido guardar su humanidad e integridad, porque – ¿quién es el árbitro después de todo? Son ustedes mismos, así que sea lo que sea que elijan, será lo correcto. No tiene mayor importancia.

Esto podría resultar liberador hasta cierto punto, creo, si lo comparan con la vida del hombre preiluminado. Se les dijo que se portaran bien, a todas horas y cada día, de lo contrario arderían en el infierno por toda la eternidad por sus pecados. Y portarse bien en cada situación es difícil, por no decir imposible, como todos lo sabemos muy bien. Las tentaciones abundan, y a menudo tomamos decisiones bajo presión o de forma impulsiva.

Pero esta «liberación» cobra un alto precio. El universo ha dejado de tener sentido y propósito. Sólo soy un granito de arena en el cosmos sometido a fuerzas aleatorias que me llevan de un lado hacia otro. Lucho, muero… y luego me despido, para siempre.

Sin embargo, si creen en una presencia divina, en algo que trasciende su pequeña vida, en un alma inmortal y en una existencia una vez despojados de sus restos mortales, de repente las cosas toman un cariz bien distinto. Si Dios existe y la vida después de la muerte también, tiene perfecto sentido que seamos juzgados por nuestros actos y comportamientos después de nuestra existencia terrenal (el concepto del karma viene a la mente). Y Dios podría ser el juez ante el que tendríamos que responder por nuestros actos.

Una vez perdida la creencia en una presencia divina, ¿existe otra manera de encontrar la fuerza moral y la esperanza a lo largo de una vida marcada por el dolor, la tragedia y el sufrimiento, y que acaba en una muerte segura al final?

Estoicismo

Entiendo el estoicismo como una forma susceptible de ayudarnos. Recientemente tuve la ocasión de escuchar esta excelente conferencia de Michel Sugrue, donde explica la filosofía estoica a través de uno de sus exponentes, el emperador Marco Aurelio.

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Después de la muerte de Sócrates, la filosofía helenística se dividió en diferentes escuelas de pensamiento, incluyendo el epicureísmo, el escepticismo y el estoicismo.

El principio básico del epicureísmo colocaba el placer como su único objetivo intrínseco. Sin embargo, no era un hedonismo en el sentido ordinario de nuestros días porque afirmaba que la ausencia de miedo y dolor constituye el mayor de los placeres, y abogaba por una vida sencilla. Los epicúreos, en general, rechazaban la política por llevar a frustraciones y ambiciones, las cuales contradecían sus firmes objetivos.

El escepticismo postula que el conocimiento o la creencia racional es imposible por llevar a sus adherentes a dudar y a cuestionarlo todo.

El subproducto más conocido y persistente de la escuela de filosofía socrática fue el estoicismo. Su propuesta principal es la del rechazo al placer como estándar de la felicidad y la dicha humana.

El sabio vive de acuerdo a la naturaleza, no le teme al dolor, no le teme a la muerte, ni a la pobreza, no le teme a ninguna de las vicisitudes de la condición humana. Su único temor es el de abandonarse a su suerte, lo que le convertiría en un ser humano menos íntegro.

La única preocupación de un hombre sabio son aquellas cosas que están completamente bajo su propio control. No pueden controlar el movimiento del sol o de los planetas, ni el clima o a otras personas, o a la sociedad que les rodea.

Al menos, hay una cosa que puedes controlar potencialmente, y es a ti mismo: tu voluntad, tus intenciones, tu ser.

Por lo tanto, el verdadero sabio es aquel que tiene el control de su propia alma, que asume la responsabilidad total y completa de sus actos, y que permanece indiferente ante cualquier otra cosa, no porque no le importe los demás o la felicidad de toda la raza humana, sino porque no están bajo su control.

No se preocupa por el mañana, ya que el mañana tampoco está bajo su control. El filósofo estoico es el hombre que se ha liberado del miedo. No le teme a la muerte, no le teme al dolor, no le teme a que los demás lo tilden de loco.

Los dos proponentes más notables fueron Marco Aurelio y Epicteto. Irónicamente, se encontraban socialmente de lo más distante que uno se pueda imaginar, el primero era el emperador romano y el segundo un esclavo.

Recordemos el dictado de Lord Acton: «El poder tiende a corromper; el poder absoluto corrompe absolutamente». Marco Aurelio fue la excepción a la regla. Como emperador tenía poder absoluto sobre cualquier persona y circunstancia que se presentara.

Cuando un hombre en circunstancias como estas se comporta rectamente, muestra algo de su alma profunda ya que ninguna restricción externa tendrá poder sobre sus actos.

Marco Aurelio controló todo el mundo romano durante 19 años. Podía haber tenido todo el dinero del mundo, podía haber tenido sexo con quien le apeteciera y cuando quisiera. Si hubiese querido emborracharse, podía haber traído vino por barco, durante 19 años seguidos.

Marco Aurelio se yergue a lo largo de los siglos como un reproche ante nuestra propia autocomplacencia, la que nos lleva a ser incapaces de hacer frente a las circunstancias de la vida. Si puedes lidiar con las tentaciones a ese nivel, puedes lidiar con cualquier cosa.

Cualquier virtud accesible a cualquier ser humano es, en principio, accesible a todos nosotros. Todos tenemos una naturaleza racional que nos permite controlar nuestros sentimientos, nuestro comportamiento y nuestra conexión con otras personas.

Si por alguna razón un filósofo estoico se enfermara, bueno, la enfermedad forma parte de la vida humana, la acepta tal como es, la cuida de la mejor manera posible para luego seguir su rumbo.

Marco Aurelio escribió su libro, Meditaciones, para sí mismo – no estaba destinado a ser publicado. Quería que se quemara después de su muerte, pero alguien desatendió su deseo y lo preservó para la posteridad.

¿Por qué Marco Aurelio haría esto – escribir un libro para su uso personal – dado que escribir es un medio de comunicación con otra persona? Porque era el hombre más solitario del mundo. Como emperador no tenía amigos, nadie con quien hablar, porque no tenía iguales. Todos sus interlocutores esperaban algo de él. Era el emperador del mundo, todo le pertenecía. Tenía poder absoluto sobre cualquier vida. Y aun así, lo único que le interesaba era vivir la vida de un filósofo, pero tuvo la desgracia de nacer como sucesor en calidad de emperador.

El cansancio le llegó después de un tiempo. El libro entero reproduce la reflexión de un alma melancólica, pero también de un hombre que no se rindió. Constantemente se recordaba a sí mismo: a pesar de la corrupción, de la maldad y la perversidad de la gente con la que tratas, tu labor consiste en enseñarles y mejorarlos moralmente, y cuando no lo consigues, al menos sabes soportarlos. Depende de ellos hacer el bien, ser justos, modelar su virtud.

Marco Aurelio es el único gobernante de la tradición occidental en encarnar remotamente el ideal de Platón sobre el rey de los filósofos. ¿Qué reporta su libro? Máximas morales, unas pocas que repite una y otra vez.

«Pronto se habrán olvidado de todo, y pronto todo se habrá olvidado de ustedes».

Así que no se preocupen demasiado por las cosas porque pronto habrán muerto. Y pronto todas las personas que le conocieron habrán muerto también. ¿De qué sirve entonces ser mezquino con la gente?

Su libro Meditaciones consisten sobre todo en unos escuetos epigramas de dos a tres líneas que recalcan lo siguiente: No pierdas los estribos con la gente, ¡ya sabes cómo son! Y su estupidez no es culpa tuya, tú sólo trataste de enseñarles. Si ella mató a Sócrates, ¿qué creen que no hará con ustedes?

Él estaba preparado para gobernar el imperio romano por la misma razón que el rey filósofo de Platón: Si no lo hago, alguien peor lo hará. Los dioses me pusieron en esta posición, así que no puedo abdicar de mi responsabilidad.

Las dos principales máximas del estoicismo romano son: 1) Deje de quejarse, porque sólo hay dos cosas en la vida: las que pueden controlar y las que no. 2) Y con respecto a las cosas que pueden controlar, ¿quién cree que lo hará por usted, si no usted mismo? Así que deje de quejarse por eso también.

«Los humanos son animales sociales, o les enseñas, o si eso no es posible, ¡al menos sopórtenles!»

«¿Está cansado de soportar a los hombres malos del mundo? Los dioses no lo están y ellos los hicieron. ¿Está realmente cansado de soportar a los hombres malos del mundo, especialmente dado que usted es uno de ellos?»

La visión de la muerte de Marco Aurelio: Todo el mundo muere, así que usted también morirá. Entonces, ¿qué sentido tiene quejarse de ello? Puede intentar mantenerse sano y evitar la muerte, pero cuando le toque el turno, morirá. No se rinda ante su miedo irracional. Controle sus movimientos, sus emociones, esa parte de la vida que usted encarna.

Así que la moraleja del estoicismo es esta: No temas nada, porque o bien no puedes hacer nada al respecto, o bien si puedes y no haces nada al respecto, sólo te tienes a ti mismo para culparte.

Dado este mensaje de moraleja, a menudo se considera la filosofía estoica como dura y algo fría e insensible, y eso es cierto. Vivir de acuerdo con la filosofía estoica requiere de una capacidad para mirar a la vida y a uno mismo con distancia y racionalidad. Y requiere de una buena cantidad de disciplina personal.

Y mientras que los estoicos griegos tenían una teología muy desarrollada, el estoicismo romano práctico es más agnóstico en cuanto a la cuestión de Dios, así que si busca alivio a través de una figura del Dios trascendente, se encuentra en el lugar equivocado.

La opinión de Marco Aurelio sobre Dios es que no hay pruebas a favor o en contra de la existencia de Dios. Así que contempla ambas posibilidades para encontrar una forma que incluya a ambas.

Si dios no existe y sólo somos átomos y un vacío, entonces lo que haces no tiene ninguna influencia en lo que te sucede, pero si existen dioses, tienen que ser buenos, sabios y virtuosos, entonces, ¿qué mal podrían hacerte mientras vivas de manera virtuosa? ¿Qué tendrías que temer viniendo de ellos? Sea cual sea tu elección, ¡no te preocupes!

Mientras que este tipo de filosofía estoica (y sus variantes modernas) nos aporta buenas herramientas para participar de una vida buena y virtuosa, no nos da respuestas a las preguntas más básicas de los seres humanos: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? Esto solía recaer en el dominio eclesiástico, quién pronunciaba respuestas muy directas y superficiales: Estamos aquí porque así lo quiso dios, y el sentido de la existencia reside en su glorificación.

La filosofía estoica se nos presenta como antídoto al materialismo nihilista actual. Pero ha sido – como en el vídeo anterior – tildada de fría, dura e insensible. Y pone el listón muy alto. Sigo pensando que el enfoque estoico es mejor que el enfoque nihilista, porque es más probable que llevemos una vida mejor. Y si vivimos una vida mejor, estaremos más contentos, satisfechos y exitosos, generalmente hablando.

¿Pero tal vez haya otra manera de combatir el miedo sin tener que parecernos a un superhéroe como Marco Aurelio?

El teísmo posmoderno radical de Whitehead

Recientemente leí un libro de David Ray Griffin, un profesor estadounidense jubilado de filosofía religiosa y teología, y escritor político, cuyo título es «La filosofía postmoderna radicalmente diferente de Whitehead«. Otro artículo se encuentra aquí.

Alfred North Whitehead (1861-1947) fue un matemático y filósofo inglés. En la primera parte de su vida escribió principalmente sobre temas matemáticos. Su trabajo más famoso, ‘Principia Mathematica’, escrito junto con su ex-alumno Bertrand Russell, cuenta entre uno de los trabajos más importantes del siglo XX sobre lógica matemática. Más tarde, a principios de la década de 1910, fue dirigiendo progresivamente su atención hacia la filosofía de la ciencia y más tarde a la metafísica.

Desarrolló un sistema metafísico integral apartándose radicalmente de la mayoría de la filosofía occidental. Whitehead sostenía que la realidad consiste en procesos más que en objetos materiales (de ahí que su filosofía se llamara la filosofía de procesos), y que esos procesos se definen mejor por sus relaciones con otros procesos, rechazando así la teoría de que la realidad se construye fundamentalmente a partir de trozos de materia existiendo independientemente los unos de los otros.

Hoy en día, las obras filosóficas de Whitehead – en particular ‘Proceso y Realidad’ – son consideradas como los textos fundamentales de la filosofía de procesos. La filosofía de procesos de Whitehead argumenta sobre la «urgencia de llegar a concebir el mundo como una red de procesos interrelacionados de los que formamos partes integrantes, de modo que todas nuestras elecciones y acciones tienen consecuencias en el mundo que nos rodea». Lo que contribuyó hace poco a que su filosofía se incluyera en el debate sobre ecología fue que el dios de Whitehead es un auténtico ecologista, pero uno cuya ecología auténtica incluye a los animales y la liberación humana.

Es notorio que el teísmo del proceso de Whitehead no privilegie las pretensiones de percepciones especiales o verdades reveladas. Si bien el teísmo del proceso no se basa en la revelación, tampoco se basa en la aplicación de la ciencia únicamente. No es más característico del pensamiento procesal dar un argumento ‘científico’ para la existencia de dios que soltar un relato reduccionista sobre la creencia religiosa mediante una teoría en sociología o psicología. En lo que respecta a Whitehead, las hipótesis de trabajo de las ciencias no son ni más ni menos abiertas a preguntas y aclaraciones que las hipótesis de trabajo de la religión.

En otras palabras, el teísmo de procesos no se basa en la doctrina o teología religiosa, ni tampoco en la teoría científica. Es un producto de la metafísica, o lo que Whitehead llama «filosofía especulativa»:

«La filosofía especulativa es el esfuerzo por enmarcar un sistema coherente, lógico y necesario de ideas generales que permita la interpretación de cualquier elemento que forme parte de nuestra experiencia».

O si queremos formularlo de manera diferente: Lo que Whitehead trata de lograr es un sistema de pensamiento – basado en ciertas suposiciones que Griffin llama «nociones de sentido común básico» (ideas inevitablemente preconcebidas sobre nuestra existencia, incluso si las cuestionamos verbalmente) – que explique todos los hechos y nuestras experiencias a lo largo de la vida, incluyendo la conciencia, el significado, la estética, la moralidad, el conocimiento científico, la verdad, etc. Sostiene que la religión y la ciencia por separado no consiguen ese objetivo, pero que en cierto sentido cuando ambas «se fusionan’ -como opuestas, pero no necesariamente contradictorias y mutuamente excluyentes- nuestras opiniones sobre la vida, el universo y lo que sea puede darnos una mejor herramienta para entender la humanidad y nuestro lugar en el Universo.

El puente entre la teología y la ciencia se hace a través de la teoría de las «entidades reales» y contrarresta la idea de que todo lo material está carente de cualidades mentales (a lo que Whitehead se refiere como «actualidad vacía»). Todas las entidades reales son ‘dipolares’, por lo que tienen un aspecto físico, pero ninguna carece por completo de cualidades psíquicas, aunque en la mayoría de los casos estas cualidades sean insignificantes, como sería el caso de las partículas, átomos y moléculas subatómicas. Así pues, en el pensamiento de proceso, lo físico no significa la ausencia de sentimiento, emoción o experiencia, aunque esa experiencia sea mínima, como en el caso de los electrones o los protones (de ahí que un pilar de su teoría se llame «panexperiencialismo»).

Cuando se trata de la cuestión de Dios, Whitehead no ofrece pruebas científicas: «Sólo existe la confrontación del sistema teórico con una cierta interpretación de los hechos». Después de haber establecido una alternativa satisfactoria al materialismo científico, se preguntó si su filosofía requería de una referencia a Dios. Parece que Whitehead se sorprendió al descubrir que sí, porque al principio de sus estudios filosóficos era agnóstico.

Especialmente en lo que se refiere a la cuestión de la moral y la ética llegó a la conclusión de que – habiendo descartado la noción predominante de las filosofías de los últimos 200 años respecto a que los preceptos morales y éticos sólo se pueden derivar de la naturaleza – Dios prueba ser conceptualmente necesario para la cohesión general de su teoría.

El argumento de Whitehead sobre Dios es resumido por Ford de la siguiente manera: «Las entidades reales pertenecen a Dios o al mundo. Dado que el mundo existe, Dios debe de existir. Dado que Dios existe, el mundo debe de existir. Ya que uno de los dos tiene que existir, ambos tienen que existir».

A través de esta revisión escueta y muy simplificada del teísmo sobre el proceso de Whitehead, creo que nos hemos acercado un paso más con nuestra indagación en una existencia divina universal – mientras no tengamos pruebas científicas para Dios, el planteamiento de una existencia divina permite explicar muchas de nuestras experiencias diarias, para las cuales ninguna de las demás visiones del mundo ofrecen explicaciones coherentes alguna, -especialmente la del materialismo científico-.

Ahora, el siguiente paso de nuestro viaje consiste en preguntarnos si realmente no existe ningún argumento racional sobre la existencia de un creador divino que podamos planearnos desde una base puramente científica. Creo que sí lo hay, y aquí voy a nombrar dos de ellos. El primero es el Diseño Inteligente (en oposición al neodarwinismo), y el segundo se basa en la revisión de la evidencia de las llamadas «Experiencias Cercanas a la Muerte» (ECM).

El Diseño inteligente y el neodarwinismo

Crecí creyendo que el neodarwinismo era una teoría científica que había demostrado ser correcta, y que ningún científico verdadero podría atacar con razones de peso sus suposiciones básicas fundamentales. Había oído hablar del Diseño Inteligente (DI), pero consideraba esta escuela de «pensamiento» como mera variante del creacionismo, la creencia (religiosa) de que el mundo tal y como lo conocemos, con todas sus características y criaturas, había sido diseñado y elaborado por Dios en siete días, tal y como se afirma en las Escrituras. Por supuesto son disparates ya que la ciencia ha demostrado que nuestro planeta existe desde hace miles de millones de años.

En cierto momento, me puse a leer unos libros y artículos sobre el Diseño Inteligente, y he llegado a la conclusión de que el neodarwinismo está fatalmente errado, y que el DI es mucho más coherente y sin las contradicciones internas propio del neodarwinismo, cuyos sumos sacerdotes han ido ocultando convenientemente bajo la alfombra.

No voy a elaborar todas mis razones para justificar mi postura. Sin embargo, les señalaré aquellos libros y artículos que me han llevado a formar esta opinión, y les daré a modo de ejemplo dos argumentos (entre muchos otros) para ilustrar mi punto.

Dos libros que lo explican muy elegante y elocuentemente son el libro de Stephen C Meyer ‘La Duda de Darwin’ y el libro de Michael Behe ‘La Caja Negra de Darwin’. Y para los artículos interesantes consúltenlo aquí y aquí. [NdE: Artículos disponibles en español]

Un ejemplo que me gustaría mencionar es la «Complejidad Irreducible» (CI). Se dice que muchos de los miles de procesos bioquímicos y funcionales de nuestro cuerpo son «irreduciblemente complejos» (como el flagelo bacteriano, los cilios y la cascada coagulante de la sangre, por mencionar unos pocos).

Siguiendo la descripción en uno de los artículos mencionados, llegamos a entender la «Complejidad Irreducible» de la siguiente manera:

«Cuando tenemos un sistema compuesto de 20 partes que son todas necesarias para el funcionamiento del sistema (al quitar cualquier parte el sistema se vuelve inútil), el sistema no puede evolucionar paso a paso como defiende el estilo darwiniano, porque tendríamos 19 estados intermedios que no sirven para nada y por lo tanto la selección natural no los seleccionaría. Este es uno de los mayores problemas del darwinismo. Dawkins grita «victoria» por demostrar que a partir de algo se produjo una evolución en dos partes y que hicieron algo juntas. Dos partes es el peor de los ejemplos de complejidad’ posible (literalmente)».

Otro ejemplo es la «explosión cámbrica» de las formas de vida. Otra cita del artículo anterior:

«Durante dos mil millones de años, sólo existieron organismos unicelulares, sin que produjeran nada complejo. Esto tiene mucho sentido. Lo que no tiene ningún sentido (desde la perspectiva darwiniana) es que, de repente, en unos 20 millones de años, la mayoría de las especies animales principales aparecieron en toda su complejidad. La predicción darwiniana es que las cosas evolucionan lentamente a un ritmo bastante constante. La explosión del Cámbrico se opone completamente a esta teoría. Cómo no, los darwinistas parten de una creencia preformada – que la evolución es real – para luego tratar de distorsionar los hechos hasta ajustarlos a la conclusión, produciendo así todo tipo de excusas realmente patéticas para sus afirmaciones, las cuales ni siquiera vamos a exponer aquí».

Esto no significa que los mecanismos evolutivos darwinianos no sean operativos en nuestro mundo, ciertamente lo son, pero probablemente sólo a nivel familiar y de género en la jerarquía de la vida. Ciertamente no saben explicar cómo comenzó la vida en primer lugar, cómo el phyla surgió a la existencia en la explosión cámbrica, y menos aún pueden explicar la manera en que la conciencia o el altruismo pudo haber evolucionado en la raza humana.

La pregunta de quién o qué es el Diseñador Inteligente no ha sido respondida hasta ahora, pero las especulaciones abundan. Por supuesto, la mayoría de los proponentes del Diseño Inteligente dicen «¡Dios lo hizo!» Y esto puede ser una solución directa al enigma, pero no creo que sea la única posible.

Tal vez el Universo y la vida siempre han estado presentes de una forma u otra; tal vez fuimos creados por seres, que fueron creados por otros seres, que a su vez fueron creados por otros seres… ad infinitum.

Así que incluso si no tenemos una respuesta sobre la naturaleza del Diseñador, el hecho de que la presencia de un diseñador sea forzosa para poder explicar todos los hechos significa que nuestro universo no es puramente determinista, y que alguna Fuerza Creativa está operativa en nuestro mundo, tenga la forma que tenga.

Experiencia Cercana a la Muerte (ECM)

Otra vía que he investigado es la de las experiencias cercanas a la muerte o ECM.

Mi primer encuentro con la ECM data de hace unos años. Un colega con el que trabajaba me preguntó si podía revelarme los efectos psicológicos de su enfermedad. Su historia – a diferencia de la mayoría de las que nos solemos encontrar en las investigaciones – no era nada agradable, pero más que nada porque no quería volver aquí después de haber presenciado la dicha de la vida después de la muerte. Cuando lo conocí, seguía luchando con las implicaciones y acababa de salir de una fase depresiva después de dos años perdido en una profunda oscuridad. Como es natural, esto despertó aún más mi interés como médico ya que nunca había dedicado demasiado tiempo en estos episodios, creyendo que no tendrían importancia, pues los atribuía a una falta de oxígeno en el cerebro, lo que explicaba las alucinaciones. Me puse a leer los estudios disponibles sobre este tema. En aquel entonces no había tantos libros y pronto perdí el interés y me dediqué a otros temas.

Hace unos meses leí otro libro sobre la ECM. Mientras tanto hay una multitud de libros sobre este tema. Aquí me gustaría referirme sólo a dos de ellos – ‘Evidencia de la vida después de la muerte’ y ‘Dios y la vida después de la muerte’, ambos escritos por los doctores Jeffrey Long y Paul Perry. El Dr. Jeffrey Long practica la oncología de radiación en Louisiana donde investiga las ECM además de reunir en su página www.nderf.org más de 4.000 casos de ECM y analizarlas mediante una metodología científica.

Averiguó que una parte sustancial de las personas que sufrieron un paro cardíaco o fueron declaradas «clínicamente muertas» habían experimentado una ECM (las estimaciones actuales son de alrededor del 10%). La razón por la que este hecho no es muy conocido, especialmente dentro de la comunidad médica, es la renuencia de los pacientes a compartir su experiencia – por miedo al ridículo o que los tilden de locos (lo que en muchos casos no es infundado, dada la falta de conocimiento en la población general y en la comunidad médica sobre la ECM).

Las ECM parecen tener elementos comunes que se reportan de manera similar en diferentes culturas, en diferentes creencias religiosas preexistentes y en diferentes épocas de los experimentadores.

El Dr. Long cita como evidencia de la vida después de la muerte los siguientes puntos:

  1. Desde el punto de vista médico es imposible tener experiencias lúcidas altamente organizadas mientras un paciente esté inconsciente o clínicamente muerto.
  2. Durante las ECM pueden ver y oír durante la experiencia fuera del cuerpo (EFC), y lo que perciben los pacientes es prácticamente siempre real. Esto pudo corroborarse de forma independiente en muchas ocasiones.
  3. Las ECM ocurren durante la anestesia general cuando ninguna forma consciente debería de tener lugar.
  4. Los ciegos también experimentan ECM, las cuales suelen incluir experiencias visuales (también para los que han nacido ciegos y que nunca han recuperado la visión).
  5. Una revisión de la vida durante la ECM refleja fidedignamente eventos reales en la vida de la ECM, aunque dichos eventos hayan caído en el olvido. Difieren totalmente de los estados de consciencia alterados provocados por sueños o drogas.
  6. Virtualmente todos los encuentros con seres durante la ECM están muertos a la hora de dicho encuentro, tratándose en la mayoría de los casos de familiares. En ciertos casos, el familiar era un desconocido para el sujeto en aquel momento, pero no tuvo inconveniente en reconocerlo más adelante en ciertas fotos.
  7. La sorprendente similaridad de contenidos en la ECM entre niños muy jóvenes y los de adultos sugiere que el contenido de las ECM no puede achacarse a creencias previas.
  8. La notable consistencia de la ECM en el mundo evidencia que las ECM son eventos reales.
  9. Los sujetos que han pasado por la ECM se ven transformados de muchas maneras diferentes por sus experiencias, a menudo por el resto de sus vidas.

En el segundo libro citado más arriba, el autor explora específicamente la cuestión de Dios. Encontró que más del 40% de los experimentadores eran conscientes de la existencia de Dios o de un ser supremo durante sus ECM. Y eso incluía una porción significativa de personas que eran agnósticas o ateas antes de sus ECM. Tomando en consideración la creencia de los que han vivido la ECM antes y después de su experiencia, el 39% creía que «Dios existía» antes de su experiencia mientras que son el 72,6% los que acabaron creyendo en Dios después de las ECM, lo que representa un aumento de creyentes en Dios del 86%.

Hay un principio científico muy citado que reza que lo que es real es constantemente observable. Y la consistencia de los hallazgos de la Dra. Long supera con creces cualquier inconsistencia. Además, una abrumadora mayoría de casos de ECM reportan sus experiencias como reales. Esto contrasta con los sueños y alucinaciones después de los cuales no hay duda en la mente del sujeto sobre la realidad palpable de su experiencia.

Por supuesto, los escépticos argumentan que no son experiencias reales, sino más bien el producto de cerebros faltos de oxígeno, justo lo mismo que hice antes de estudiar este tema más a fondo. Lo interesante es que a lo largo de los años han surgido más de veinte «explicaciones» diferentes en busca de una definición para la ECM. Si alguna de estas teorías tuviera una validez incuestionable, no habría tantas teorías. Y por lo general los escépticos no abordan la consistencia de los relatos, ni proporcionan pruebas contundentes para refutar su validez. Los escépticos se sienten obligados a dar pruebas incontestables en contra de las ECM para conseguir contrarrestar la solidez de la evidencia acerca de las ECM.

Conclusión

Crecí en una familia cristiana secular, donde la religión se «practicaba» pero sin creencia ni convicción profunda; no era más que una cuestión social. Después de la universidad me sentí cada vez más desencantado con la religión, especialmente con sus exponentes que eran erróneos, y a veces francamente viciosos pues no convertían sus palabras en acción. Abandoné la Iglesia y me convertí en un ateo empedernido. Bueno, tal vez no del todo, porque siempre tuve dudas sobre mi visión de Dios, del universo y todo eso.

El viaje que he descrito en estas páginas me ha llevado a creer de verdad que existe un Ser Supremo, un Dios o cualquier nombre que se quiera atribuirle a la Fuerza Creativa Cósmica que impregna, construye y mantiene nuestro universo. Ha sido un proceso difícil y a veces doloroso. El sacrificio de las vacas sagradas nunca es un proceso fácil e indoloro.

Por otro lado, sin embargo, me ha liberado de una cierta angustia existencial. Si hay un Dios, y por lo tanto un alma, y por consiguiente una vida después de la muerte, realmente, no hay nada que temer.

Y eso me lleva de vuelta a la filosofía estoica, cuyo principio central es «No teman lo que no pueden controlar, porque no tiene sentido», pero con una peculiaridad – ahora sé que el Universo no es ese lugar frío, duro y aleatorio, sino un lugar lleno de propósito, amor, creatividad y vida. Todavía tengo mis reservas – mi intelecto parece abrazar la idea de una Fuerza Creativa o de un Dios con mayor soltura que mis emociones, así que todo esto queda en un trabajo en progreso por ahora.

El día llegará cuando tenga que dejar este mundo – en términos absolutos, ya sea mañana, dentro de dos semanas o 20 años no tiene mucha relevancia. Como dicen los estoicos, lo importante es llevar una vida provechosa y virtuosa.

Y ahora sé que cuando llegue este día, habrá mundos nuevos y asombrosos que explorar.